viernes, 26 de octubre de 2012

Nestor Vive en el Pueblo


Aquella mañana sonaron todos los teléfonos, aún los que no teníamos a mano, unos saltaban de la cama, otros entrecerraban los ojos tratando de leer el sms, otros cambiaban el dial de la radio de un lado a otro tratando de encontrar alguna que dijera lo contrario, muchos se zambullían en la internet también buscando la desmentida, otros, estaban censando, como Graciela…..
Pero no, Néstor había muerto y empezamos a convocarnos,  que sí,  que ya voy;  claro, ya vamos. Y que  la puta madre, buscá la Bandera Negra, ahí en la Plaza, en la Pirámide.
Y fuimos llegando de a uno, en grupos,  con las parejas. Y no estábamos solos, la plaza se fue llenando, y los abrazos, y el llanto, y las velas, los carteles, el viejo maratonista dando millones de vueltas con los brazos en alto con un cartel improvisado que decía, Gracias Néstor.
Y plantamos una toldería y nos quedamos,  los Negros de Mierda, los tantas veces olvidados hacían colas de a miles, por cuadras para saludarte, para decirte gracias, para abrazar a Cristina, así, a una distancia que no existía, porque todos éramos uno y ese uno,  Cristina.
Y entramos a verlo, a verla, una, diez veces y no queríamos que se terminara por que cuando eso ocurriera se iría, el, ese flaco que nos sorprendió, que nos devolvió las ganas y la identidad.
Y llegó la lluvia, no podía ser que el cielo, no llorara y todos inmóviles y cantando, con bronca y orfandad de niños.
Y  lo esperamos en la calle para acompañarlo todo el tiempo que pudiéramos, como buscando asegurar que no nos dejara.
Y una fuerza centrífuga nos arrastro a todos atrás de la caravana, y caminamos y caminamos cantando, reconociéndonos con otros, siendo iguales. Y los pibes del jardín de infantes del MALBA cantando el Himno en la Puerta, a su paso, a nuestro paso.
Algunos llegaron a Aeroparque y pudieron  estar cerca cuando se fue, a nosotros nos toco ver al avión despegar, cuando doblamos  en salguero, en la bajo nivel; confundiéndonos en mocos, lagrimas y gritos y,  esa mezcla de rara de bronca que solo el tiempo revirtió en fuerza militante y alegría.



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