sábado, 5 de junio de 2010

Para Evita, de un negro de mierda





NEGRO DE MIERDA

Yo llegué jugando
Mi última jugada
Cargado en un furgón,
De contrabando,
Portando un hato
De ropa y muchos miedos
Hasta una mole urbana,
Indiferente
Que me cerró sus puertas
Dejándome sin norte.
En la propia entrada
De la miseria misma.
Deambulé en silencio
Entre nuevas sombras
Y entre el laterío
Me albergó otro pobre.
Negro de Mierda
Comenzó a llamarme
El que no es aluvión
Porque no sufre.
Casi, casi al mismo tiempo,
No sé cómo ni de dónde
Llegaron ellos.
Primero él y después ella
Y sin saber porqué
Ya presentía
Que mi vida
Cambiaba para siempre.
Comencé a trabajar
Con la certeza
De que no iba a morir
Cumpliendo horario.
De repente el techo
Se me hizo propio
Soñé en mi cama
Y conocí la sidra
Y el pan fue más dulce
En esos años.
Negro de Mierda
Quiso despreciarme
El que nunca entendió
Que la alegría
Era nuestra.
De punta en blanco
Mis retoños
Fueron floreciendo
En una escuela
Pudieron jugar,
Hacer deporte
Y conocieron el mar
Que yo no pude.
Descubrí que eran nuestras
Tantas cosas,
Muchas más de las que
Había imaginado.
Después, muerta ella
Y el desterrado
No pudieron robarnos
Lo ganado.
Negro de Mierda
Acusa desafiante
El dedo inquisidor
Del poderoso.
Hoy ya estoy viejo,
Mis hijos grandes,
Mis nietos juegan
En el mismo parquet,
Que aunque gastado,
Siempre quise conservar
Como una prueba,
Del primer piso propio
Que he pisado.
Cambio el barrio,
Muchos se fueron,
Yo sigo firme, cierto,
Soy un mojón de aquellos tiempos
Envejeciendo sin prisa,
Sin cumplir horarios
Sin olvidarme de él,
Extrañándola a ella
Profundamente agradecido
De haberse igualado con nosotros.
Negro de Mierda
Y orgulloso de serlo
Y de ser la encarnación
De su derrota.
Negro de Mierda
Y feliz de saber
Que a pesar de los golpes,
Las traiciones y los muertos
No nos han vencido.
Negro de Mierda
Pero, gracias a Él y a Ella,
Personas y esto, la oligarquía,
No lo perdona.

(Claudio Rabino, abril 2010)

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